jueves, 6 de noviembre de 2014

Igualación de Revocos: Grietas y desigualdades

Tanto en casas nuevas como en viejas suele ser corriente la aparición de grietas y fisuras que de una manera más o menos manifiesta vemos en los techos y en las paredes. Salvo casos graves en que el resquebrajamiento va en aumento y adquiere proporciones alarmantes, estas rajas no encierran ningún peligro que amenace la construcción: son la forma aparente en que se traduce el asentamiento y consolidación del edificio. Pero, a pesar de esta ausencia de peligro, las grietas y rajas nos dan motivos de preocupación por lo que desentonan y afean en plena pared lisa o formando como una telaraña en el techo. Es natural, pues, que deseemos disimularlas o hacer que desaparezcan, especialmente cuando se trata de volver a pintar o a empapelar.Loable propósito que, desgraciadamente, muchas veces estará condenado al fracaso, pues la raja volverá a aparecer al cabo de un período de tiempo más o menos largo, ya que pretender unir con un aglomerante o una masilla una raja ocasionada por la presión de millares de kilos, es casi como pretender apuntalar con una cuña de madera todo un edificio.Por lo tanto, más que querer corregir el daño, lo que debemos intentar es lograr que desaparezca aparentemente y no afee todo un lienzo de pared o una esquina del techo.Conocemos algunos procedimientos antiguos que pueden servir para lograr esta disimulación y que podremos aplicar con cierto éxito. Pero ahora disponemos también de otros recursos que podrán proporcionarnos una casi absoluta seguridad de ocultación de las grietas: las masillas elásticas. 


PROCEDIMIENTOS TRADICIONALES

Revoco en Reformas Madrid

El primero y más deficiente de los sistemas es el simple rellenado de la raja con yeso. Este método tiene el inconveniente de que el nuevo yeso que aportaremos no acaba nunca de fraguar con el antiguo usado de la obra, especialmente por haberse depositado polvo en los intersticios de la grieta, así como condensaciones de vapores de agua impregnadas de partículas y mugre. Esto hace que se produzca un rechazo al nuevo yeso aportado. Por ello, y para contrarrestar sus efectos, es recomendable abrir más la raja (mediante un cuchillo o una rasqueta) y poner al descubierto una parte limpia y sana del escayolado.
Tal como ocurre con los adhesivos antes de rellenar una grieta con una masilla, es preciso limpiar los labios de la grieta y recuperar la textura original del material que debe recibir la junta.
Realizado este trabajo previo y fundamental, se remojará reiteradamente toda la raja con un pincel mojado con agua. A continuación se procederá al rellenado con yeso recién preparado.
Una vez fraguado el yeso de relleno, se podrá lijar y homogeneizar la pared o techo para que pueda recibir los acabados posteriores de pintura o empapelado.
Pero tal cual se ha dicho, no hay que poner demasiadas esperanzas en esto, y lo más probable es que al cabo de cierto tiempo vuelva a aparecer la raja, aunque quizá con menos importancia que antes.
Los profesionales complementaban este trabajo con un recurso que, si bien no corregía totalmente la raja, sí solía cubrir las apariencias, es decir, esconderla debajo de un recubrimiento.
Para este recubrimiento se empleaba un tejido ralo y dotado de cierta elasticidad que, al recibir las tensiones de ambos lados de la raja, no hendiera. Este tejido estaba tipificado por la tarlatana o gasa. Para colocarla, se impregnaba con cola y se aplicaba sobre todo a la extensión de la grieta, cubriendo unos cuantos centímetros á una y otra parte de la fenda. Por supuesto, dicha grieta se había rellenado previamente tal cual ya se ha indicado, y además había sido recubierta (una vez seco el aglomerado) con una capa de cola.
Este sistema resultaba muy eficaz cuando se empleaban pinturas relativamente elásticas y para soporte de empapelados. Naturalmente, las pinturas, al resecarse con el tiempo y perder su elasticidad, era muy fácil que traslucieran el movimiento reaparecido del agrietado. Las pinturas plásticas, a causa de que conservan mucho más tiempo su elasticidad, son el mejor recubrimiento de una raja.
Actualmente, para lograr una buena disimulación de una raja, se emplean con éxito las masillas elásticas que permanecen siempre en este estado y que se amoldan a todos los recovecos y grietas. Son unas masillas análogas a las que se emplean para las juntas de acristalados de carrocería y se venden en tiras de un grosor de 6 ó 10 mm. El fideo puede adelgazarse tomándolo entre las palmas de las manos e imprimiendo un movimiento de vaivén con ellas. La aplicación de la masilla se realiza con una espátula o una rasqueta de pintor.

Siempre es recomendable, para facilitar la adhesión de la masilla, practicar la antigua y eficaz operación de abrir más las grieta para eliminar la mugre del interior. Las grietas que se producen en edificios difícilmente se subsanan por un simple masillado. Al cabo de poco tiempo vuelven a hacer su aparición resquebrajando la pintura, cualquiera que sea la clase que se haya aplicado, e, incluso,
rasgando según qué clase de papel de pared, si no posee condiciones de elasticidad. Sin que ello suponga una total garantía de desaparición completa, es preciso proceder a un trabajo que generalmente se hace cuando se preparan las paredes para un nuevo recubrimiento con pintura o para otro empapelado.
Una vez lavada la pared y detectada claramente la extensión de la raja conviene agrandar la misma para lograr recuperar el yeso del revoco en todas sus cualidades de agarre, cosa que no se lograría si no se procediera a esta operación elemental, ya que el polvo y la mugre que se han ido depositando en el interior de la grieta, repelerían a aportación del nuevo material de relleno.


RELLENO DE UNA GRIETA CON MASILLA ELÁSTICA

Grietas en Reformas Madrid

Esta operación se realiza con la rasqueta de pintor o, en su defecto, con un paletín, un cincel plano o un destornillador.
A continuación se prepara una masilla hecha a base de yeso de escayola y cola de metilcelulosa (la que se suele emplear para el empapelado y que tiene una apariencia de sémola y que se disuelve en agua fría).
Lo interesante es obtener una cola espesa, para lo cual no se tendrá que diluir en las proporciones indicadas para el empapelado sino doblando las proporciones de cola, según las indicaciones contenidas en el sobre. El empleo de la cola de metilcelulosa sobresaturada no corre el riesgo como el que tenían las antiguas colas glutinosas de carnaza o de pieles, de que dé lugar a un cuarteamiento de la masilla.
Preparada la masilla se humedecerá copiosamente la raja abierta en la pared con ayuda de una brocha o de un pincel.
Sin esperar demasiado a que la humedad vaya empapándose en el yeso del revoco se procederá a aplicar la masilla con ayuda de una rasqueta o espátula, actuando con movimientos de vaivén y apretujando la masilla para que cale en el interior de la raja. Se deja secar la masilla aportada (unas veinticuatro horas) y luego se lija la superficie hasta obtener una regularización de la misma.